¿Qué hago si mi hijo no puede dormir?

Mi hijo no puede dormir

En nuestra última escuela de padres hemos tratado el tema de los trastornos del sueño. Aunque en estas edades puede ser un tema frecuente, es también una de las principales preocupaciones de los padres. Por ello es siempre interesante explicar el tema para comprender mejor por qué está pasando nuestro hijo y cómo podemos ayudarle. Todos estos consejos están elaborados por nuestra psicóloga Silvia Román.

El sueño de los niños

Los trastornos del sueño

El sueño corresponde a un mecanismo fisiológico bastante preciso y sus características dependen de la maduración cerebral. Hasta los tres meses el bebé tiene un ciclo de sueño-vigilia que repite varias veces en un día, es decir, cada tres o cuatro horas empiezan de nuevo el proceso: duermen, se despiertan y comen.

Gracias a la existencia de un reloj interno (formado por un grupo de células cerebrales) el niño va ajustando su ritmo, de manera que permanece más horas dormido durante la noche y menos horas durante el día. Este reloj biológico debe ser estimulado a través de rutinas específicas o hábitos de sueño.

Es a partir de los seis meses aproximadamente cuando comienza a aparecer similitud entre las fases del sueño del bebé y las del niño mayor y el adulto. El sueño, a partir de entonces, se divide en dos etapas: el sueño REM (ensoñaciones) y el NO REM.

Cuánto debe dormir mi hijo

La siguiente tabla hace referencia al número de horas que deben dormir los niños/as en función de su edad, aunque no podemos olvidar las variaciones individuales ya que no todos necesitan dormir lo mismo.

Edad

Hasta 3 meses

Hasta 12 meses

De 1 a 3 años

De 3 a 5 años

De 5 a 12 años

Horas de sueño

Entre 11 y 18 horas de sueño

Entre 14 y 15 horas de sueño

Entre 12 y 14 horas de sueño

Entre 11 y 13 horas de sueño

Entre 10 y 11 horas de sueño

La siesta

Según numerosos estudios la siesta entre las 14.00 y las 16.00 horas es muy beneficiosa en niños y niñas menores de cinco años. Es en este momento del día cuando el organismo aprovecha para eliminar toda la tensión que ha acumulado durante la mañana y se prepara para afrontar con energía las actividades de la tarde.

mi hijo no duerme bien

Sin embargo, si un niño duerme por la noche el número de horas adecuado a su edad no debe ser forzado a dormir, siempre que no manifieste signos evidentes de fatiga o cansancio. Si su comportamiento es normal, simplemente no la necesita.

La duración de la siesta es bastante relativa y no debe superar las dos horas. Es conveniente resaltar la idea errónea de que el niño dormirá mejor durante la noche si no duerme siesta. Hay que tener en cuenta que sin ese momento de descanso, el niño llegará mucho más irritable y cansado al final del día y le resultará más difícil conciliar el sueño.

Muchas veces, no es necesario que duerman realmente sino que pueden llevar a cabo actividades tranquilas como mirar un cuento o la televisión tumbados en el sofá.

No es necesario que hagan la siesta en su habitación si comprobamos que se encuentran mejor en otro lugar (el sofá o el carro, por ejemplo), siempre que se tenga claro que el sitio donde debe dormir por la noche es su cama.

Para favorecer la siesta en aquellos niños/as que sí necesitan descansar se pueden seguir estos pasos:

Mantener horarios de comida más o menos regulares para que también su hora de descanso sea regular.

Establecer ciertas rutinas para que el niño las asocie al momento de la siesta (leer un cuento, abrazar un muñeco…)

No emplear la expresión “vamos a dormir” y sustituirla por otra como “vamos a descansar un ratito” con el fin de evitar que el niño se muestre reticente.

Evitar convertir el momento de la siesta en una pelea que sólo contribuirá a aumentar la ansiedad del niño. Si no quiere dormir, no debemos obligarlo, pero sí podemos explicarle que necesita un ratito de descanso y tranquilidad y que, por lo tanto, en ese momento realizará actividades mas relajadas.

Principales trastornos del sueño

Los trastornos o problemáticas del sueno son bastante frecuentes en la población infantil y se estima que en torno a un 30% de los niños los sufre. A partir de los seis meses surgen cambios en el sueño. En general, puede decirse que el bebé pasa de un sueño tranquilo y profundo a un sueño más agitado (se mueve mucho, grita o gime). Estos fenómenos tienen que ver con el hecho de que sus sueños son más frecuentes y, quizá, más perturbadores. Parece que le cuesta conciliar el sueño, pero no a causa de un capricho del niño, sino que realmente experimenta dificultades para dormirse.

Alrededor de los ocho o nueve meses, el bebé vive el momento de acostarse con enorme angustia ya que esto significa tener que separarse de su mundo familiar, mundo del que ya tiene conciencia. En otros casos, la resistencia del bebé ante el sueño tiene que ver con hábitos inadecuados adquiridos casi desde el nacimiento (mecerlo, dormirlo en brazos, dormir en la cama de los padres).

Para facilitar el sueño es necesario tener en cuenta una serie de factores:

  • Antes de ir a dormir el niño necesita pasar cierto tiempo con su grupo familiar (padres y hermanos), fijando una hora razonable para meterlo en la cama.
  • Es indispensable establecer rutinas específicas y sistemáticas antes de acostarlo con el objetivo de que se asocien al sueño (baño-bíberón-cena-cuento, por ejemplo).
  • El pequeño debe aprender a dormirse solo en su cama o cuna.
  • Si se producen despertares durante la noche es necesario acudir a su habitación (no que el niño se desplace a la de los padres) para consolarlo y tranquilizarlo. Una vez comprobemos que no está enfermo y que todo está en orden, repetirle que es momento de dormir y salir de su habitación para que se duerma sólito. Si el niño tiene adquiridos hábitos adecuados del sueño volverá a dormirse sin problemas.

Los trastornos del sueño más frecuentes

Insomnio por hábitos incorrectos

Sin duda, la mayoría de los niños/as que duermen mal lo hacen por este motivo. Consiste en que los niños/as se despiertan repetidamente durante la noche reclamando la presencia de los padres para volver a dormir. El tratamiento adecuado en estos casos es reeducar en la conducta del sueño, instaurando hábitos correctos y rutinas específicas. El tratamiento farmacológico no será efectivo y, aunque los primeros días el niño podría estar más relajado, el problema volverá a aparecer pronto.

Terrores nocturnos

Aparecen en las primeras horas de la noche. Se da principalmente entre los cuatro y los doce años y representa a un 3% de la población infantil. El niño grita desconsolado, está confuso y parece no reconocer a la persona que tiene delante. Normalmente, hay una incapacidad para recordar el sueño. El problema se resuelve de forma espontánea en la adolescencia. En estos casos, lo más adecuado es permanecer a su lado el tiempo que necesite para recobrar la tranquilidad sin agobiarles con preguntas sobre lo que han soñado.

Pesadillas

Son sueños que provocan miedo y que suelen producirse en las últimas horas de la noche. El niño se despierta asustado pero consciente y es capaz, casi siempre de contar lo que ha soñado. Suelen darse entre los tres y seis años, son bastante frecuentes y tienden a disminuir con la edad. Las pesadillas ocasionales no son motivos de preocupación. Las frecuentes y recurrentes sí requieren atención psicológica para descubrir la fuente de los temores y ayudarles a superarlos

Técnicas para la reeducación del sueño

Economía de fichas

Consiste en elaborar un calendario semanal y reforzar mediante fichas (pegatinas, estrellas, caras sonrientes…) la conducta que deseamos instaurar, como por ejemplo, que duerma solo en su cama. Reunidas un número determinado de fichas se regala un juguete al niño que desee mucho.

Este método suele funcionar mejor a partir de tres años, ya que antes de esta edad no han alcanzado el desarrollo necesario para que la recompensa sea satisfactoria.

Desensibilización

Esta técnica también es más efectiva a partir de los tres años. Consiste en que el padre o la madre se siente en una silla al lado de la cama del niño. Esta silla se va alejando paulatinamente hasta acercarla a la puerta para, finalmente, quedar fuera de la habitación. Cuando el niño consigue dormirse solo se le recompensa con elogios y con algo que desee.

Método Estivill

Consiste en la instauración de hábitos correctos de sueño mediante una serie de pasos que los padres deben seguir con actitud firme. En líneas generales, las pautas a seguir son las siguientes:

  • Fijar una hora para ir a la cama.
  • Establecer rutinas previas al momento de ir a dormir que se repetirán a diario (cena, baño, leer un cuento, cantar una canción) evitando juegos o actividades que puedan excitarlo.
  • Diferenciar su habitación de las del resto de la casa, explicando al niño que es allí donde él debe dormir.
  • Proporcionarle un juguete o muñeco, elegido por la madre o el padre, haciéndole saber que le acompañará y le cuidará durante toda la noche.
  • Acostarlo en su cama y, a una cierta distancia y sin tocarlo, darle las buenas noches con un discurso breve. Salir de la habitación dejando la puerta abierta.
  • Cuando empiece a llorar, los padres volverán a la habitación en función de una tabla de tiempos (expresados en minutos) que variará a medida que pasen los días. Sólo irá uno de los padres, manteniendo una distancia que impida que el niño le toque, y le explicará que no lo han abandonado y que le están enseñando a dormir solo.
  • Al principio, el niño probablemente no dejará de llorar pero finalmente aprende a dormir solo. Cada uno necesita un tiempo determinado que puede ir desde varios días a varias semanas.
  • El método Estivill es bastante efectivo, sobre todo en niños menores de tres años, y representa una alternativa válida para solucionar el problema del insomnio infantil.

Si os surge cualquier duda, sabéis que podéis contar con nuestra psicóloga o escribirnos a nuestro mail, e intentaremos ayudarte lo antes posible.

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